Desde que decidimos desmontar, tengo la sensación e incluso el convencimiento de que estoy haciendo algo malo a alguien, en concreto a la persona a la que menos quiero dañar. Es muy complicado, porque seguir igual es imposible y, para mí, nada deseable. Tal vez haya llegado el momento de empezar a quererme, al menos un poco. No se puede servir a dos señores.
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