sábado, 26 de noviembre de 2022

Como el agua.

Me entero por casualidad de que, con 59 años, mi futuro laboral está pendiente de un hilo y que vuelvo a depender de la decisión de alguien que no me conoce. En este caso, ni se imagina mi cara. Y ya no sé lo que merece la pena y lo que no. Empiezo a pensar en no preocuparme, en dejarme llevar. En discurrir como el agua. Tal vez sea lo mejor.



Extrañas sensaciones.

Son ya varias las ocasiones en las que me siento apartado laboralmente. Es una situación rara, en la que podría hacer más pero no hago porqu...