Ayer se fue la sonrisa de mi cara
y llegaron las lágrimas prohibidas.
Algo pasó que rompió lo que aguantaba
mi corazón con todas sus heridas.
Es cierto, pasó lejos de mi casa,
no me dañó, tampoco a mi familia,
pero dejó la pena siempre amarga
de la victoria feroz de la injusticia.
El único camino está delante,
llorar y no olvidar, Mario decía.
Sé que no es bueno pensar sólo en vengarse,
pero el olvido no entrará en mi poesía.
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