Han pasado cinco años y nada hace pensar que esté mejor. Las ausencias persisten y su recuerdo parece desvanecerse poco a poco, aunque nunca desaparecerán de mi memoria. Los malos del cuento siguen viviendo como si nada y los perjudicados mendigamos día a día. No sé por qué me dicen que debo olvidar esto. Es fundamental. Es la ecuación de la vida. No olvidar, no perdonar. Es lo único que me queda. Es lo que depende de mí.
sábado, 12 de octubre de 2019
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