Cada vez tengo menos claro que las monocosas merezcan la pena. Sus efectos solo benefician a la poesía.
El muro eterno.
Ojalá pudiera ansiarte eternamente
y que mis manos y tu piel fuesen lo mismo.
Ojalá hubiera un abrazo tan profundo
que no supiese el corazón si es tuyo o mío.
y que mis manos y tu piel fuesen lo mismo.
Ojalá hubiera un abrazo tan profundo
que no supiese el corazón si es tuyo o mío.
Ojalá el saber que siempre estás y esperas
acompañase cada instante de mi viaje.
Cada segundo que la vida esté en mis venas
solo sirviese para amarte y recordarte.
Ojalá viviese lleno de ilusiones,
de despertar amores prohibidos
que tuviesen en tu puerta su destino.
Pero de nuevo la realidad me cerca:
el muro con el que chocan mis sentidos
aplasta la felicidad que nunca ha sido.
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