Me entero por casualidad de que, con 59 años, mi futuro laboral está pendiente de un hilo y que vuelvo a depender de la decisión de alguien que no me conoce. En este caso, ni se imagina mi cara. Y ya no sé lo que merece la pena y lo que no. Empiezo a pensar en no preocuparme, en dejarme llevar. En discurrir como el agua. Tal vez sea lo mejor.
sábado, 26 de noviembre de 2022
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