Mi caso es diferente, porque mi persistencia me conduce a caminos no deseados. Insisto en lo que no me lleva a nada bueno y, por tanto, dejo de lado lo que me conviene. La orquídea no. Sabe lo que quiere y, al final, lo demuestra, aunque el camino haya sido difícil y el tiempo demasiado largo. Tengo que cambiar para obtener otros resultados, mucho mejores que los actuales. Tengo que unirme a la orquídea.
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