Hace poco más de diez días comenzó el ataque químico, que durará unos seis meses. Llegarán tiempos difíciles en los que sonreír será un acto forzado. La otra parte sigue ausente, desarrollando procesos biológicos sin trascendencia conocida. Y el derroche de ocho a tres es cada vez más intenso.
La balanza está rota. Tal vez desde siempre.
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